Como nacimos...

La corrupción es un producto de la rota ilusión del amor monogámico, entendido este último como un fin puro; ulterior y supremo. 

Pues sólo un hijo que descubre al padre amoroso y heroico en la traición a la pura y santa madre, sin entender a la vez que el amor puede ser discontinuo, impar o incluso poseer desinencia; es decir, un fin irreparable. Opta entonces por corromper ese y todos los ideales institucionales conocidos y por haber. 

Pues no hay hambre más grande, que la de un hijo por superar a su padre.