El descalzado y lo femenino
Existe un halo de femineidad en el ir descalzado por la vida. Como si acaso los placeres y los lujos olvidados pudiesen ser colocados en anaquel. Y bajo la premisa, andar con los pies desnudos se encuentra en los pasillos de lo enteramente femenino.
Y esto es, el descalzado y lo femenino, desglosar un porcentaje importante de la composición del alma.Todo lo que engloba una parte importante del todo. Lo sensible y la apreciación de lo mismo, la fragilidad y la fortaleza inherente en aquello. La total libertad.
Como ritual de mañana deberíase establecer el bajar del mundo onírico con los pies desnudos; derecho al piso. Contacto frío. Erguida la espalda y espabilado de una. Como tomar una curva a ciento ochenta con los ojos cerrados y saberse vivo de veras.
Los pies descalzos funcionan tanto como pararrayos como para reír y aún más, pa’ ir pa allá y pa’cá sabiendo sentir.
Afirmo que toda ave al volar percibe el mismo cosquilleo que cuando se hunde los pies en la arena o se toca el césped, la tierra cuarteada, el fango estancado. Que perciben la humedad y la tristeza como adivinan el calor y ven venir a lo lejos, el buen tiempo.
-Creo que el ir descalzo es enteramente femenino. -¿Femenino? No. Al contrario. A mi me enseñaron que es sucio, y cuando lo hago no me gusta; por que siento cosquillas al bañarme y entonces no me puedo limpiar bien y termino invariablemente sintiendo que mis pies no quedan limpios a cabalidad.- Y pienso y le digo que me ha dado la razón.
Hablar de lo femenino, no es hacerlo de una o todas las mujeres. Es más como o mejor dicho, es y ya. Debatir sobre que hay en una de las caras de la luna. Lo que ocurre en un país ajeno y desconocido del cual solo poseemos referencias. De sueños y recuerdos que intentamos olvidar.
